Una de las estrategias más comunes es la negociación directa con los acreedores para modificar los términos de los préstamos existentes, buscando plazos de amortización más largos, tasas de interés más bajas o períodos de gracia. Otra opción es la consolidación de deudas, agrupando múltiples obligaciones en un solo préstamo con condiciones más favorables. También se puede considerar la conversión de deuda en capital social, donde los acreedores se convierten en accionistas, o la venta de activos no estratégicos para generar liquidez y reducir el endeudamiento. En casos más complejos, puede ser necesario recurrir a mecanismos legales como el concurso de acreedores o un plan de reestructuración para proteger la empresa mientras se reorganizan sus finanzas.